Los palillos de marfil

Hace mucho tiempo, en China, vivió el rey Chu. Un día al rey Chu se le antojó comer con palillos de marfil, en vez de usar los tradicionales palillos de bambú o madera que se usaban en la corte. Pero no quería unos palillos de un marfil cualquiera, sino de un marfil especial y muy caro. No contento con eso, el rey Chu quiso también que a sus nuevos palillos de marfil le incrustaran oro y piedras preciosas.

Chang, fiel consejero del rey Chu, se asustó mucho ante esta extravagancia. Chang temía que cuando el rey tuviera esos ricos palillos ya no se conformaría con la vida sobria y austera que había llevado hasta entonces. Chang pensaba que el rey, hombre justo y reflexivo, pasaría más tiempo pensando en colmar sus deseos que en gobernar y estudiar para convertirse en un hombre cada vez más sabio.

Tal y como temía Chang, el rey Chu empezó a pedir que cambiaran su vajilla de barro por platos y vasos de cuerno de rinoceronte y jade. En vez de dedicarse a cuidar de su pueblo, el rey Chu empezó a rodearse de personas que le adulaban y alababan su buen gusto y a apurar copas de vino en fiestas superficiales, dejando de lado a sus fieles consejeros, que velaban por el bien del rey y de su pueblo.

DLos palillos de marfilurante años el rey Chu llenó su palacio y su jardín de caprichos caros, en su mayoría inútiles, que había conseguido exprimiendo a su pueblo con impuestos y castigando a quienes no le daban lo que pedía. Pero no duró mucho ya que, tras siete años de derroche, apariencia y ostentación, el rey Chu terminó perdiendo su reino.

Viendo ya el fin definitivo, Chang, amante de la sobriedad por encima de todo, le dijo al rey Chu:

-Os advertí, rey Chu, que recordárais lo que decían los antiguos sabios, que el adorno y la autocomplacencia adormecen el alma.

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